Entrevistas

«Es mucho más difícil escribir un pregón que interpretar un personaje»
El intérprete vallisoletano vuelve a la ciudad que le vio crecer interpretando los papeles de actor –con la obra de teatro ‘Arte’–, vecino y pregonero de las fiestas de Nuestra Señora de San Lorenzo. Una última aventura que asegura es muy difícil y de la que dice sentirse orgulloso

GUILLERMO SANZ / VAlladolid
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Roberto Enríquez, pregonero de las Fiestas de Valladolid. – RAQUEL P. VIECO

De la antigua Hispania a una cárcel de mujeres. De las páginas de una obra de Shakespeare a las tablas del teatro contemporáneo. La magia de las artes escénicas han permitido a Roberto Enríquez viajar en el tiempo y en el espacio una y otra vez. Sin embargo, la última aventura del actor no pasará por delante de ninguna cámara ni de un telón. Lo hará en el balcón delAyuntamiento de Valladolid, donde ejercerá de orgulloso pregonero de las fiestas que engalanan la ciudad que le vio crecer.

Pregunta.- Vallisoletano desde la cuna (que no desde el nacimiento)… ¿De pequeño ya se te daba bien lo de actuar?.

Respuesta.- Todo empezó en los Pajarillos Altos -aunque yo soy de los bajos-. Los salesianos abrieron un centro juvenil en el que se hacían muchas actividades. Un amigo me dijo de ir y fui probando varias cosas, pero acabé decantándome por el teatro porque, además de que me gustaba, era un refuerzo positivo que la gente me dijera que lo hacía bien.

P.- Llegó un momento en el que te tocó interpretar el papel de un vallisoletano en la capital…

R.- Sí.La verdad es que fue miel sobre hojuelas. Yo tenía claro que quería irme a Madrid y trabajaba en verano enSalou para hacer hucha. Chema Amador, que estaba de ayudante de director enHamlet, me llamó para hacer las pruebas y antes de empezar a vivir en el piso que había alquilado con mis compañeros de teatro y ya tenía trabajo en el Centro Dramático Nacional.

P.- ¿Qué es lo que más echas de menos de Valladolid?

R.- En el pregón hablo sobre todo lo que echo de menos. Desde lugares de mi ciudad hasta personas. Desde pasear por sus calles en espacios como el pasaje Gutiérrez o la Antigua o pasear por mi barrio, que a mucha gente le parece más feo que la suela de un zapato, pero yo estoy enamorado de él. Echo de menos también hacer cola para comprar entradas de cine en la Seminci y escuchar a la gente opinando de cine.

P.- ¿Estás preparado para el pregón?

R.- No. Estoy emocionado por lo que me pasa a mí y a mi entorno. Todo el mundo me dice el pregón que debo hacer.Estoy feliz, pero es un ataque de responsabilidad y llevo con él un mes para arriba y para abajo. Es más difícil escribir un pregón que interpretar un personaje.

P.- En una semana vas a ser pregonero, vecino y actor en Valladolid ¿En qué tablas te desenvuelves mejor?

P.- En la de vecino me desenvuelvo bastante bien porque supone dejarte llevar por el cariño de toda la gente.

P.- En las del teatro no te desenvuelves mal y vienes a casa con ‘Arte’. ¿Qué podemos esperar de esta obra?

R.- Arte se ha convertido en un clásico contemporáneo. No ha dejado de interpretarse en todo el mundo. Parece sencilla y es en esa sencillez donde está lo brillante de la obra. El arte es la excusa para hablar del deterioro de la amistad. Es una comedia con mucho veneno.

P.- ¿Dónde se esconde el ‘arte’ enValladolid?

R.- Me gustan muchísimas cosas. Sería difícil quedarme con una sola. Nuestra joyita es la Antigua, pero también me enamora el Pasaje Gutiérrez, la Plaza delViejo Coso -cada vez que paso por ahí pienso cómo era la vida cuando era un coso de verdad- el LAVA pero, sobre todas las cosas, el Museo de Escultura Policromada.

P.- Aunque ya lo ha hecho más veces, este año sin ir más lejos con ‘Mi pequeño poni’, pero… ¿Teatro y Valladolid juntos suponen más presión o una tregua?

R.- Es presión. La gente del teatro considera a Valladolid un público entendido y eso es una doble responsabilidad para mí.

P.- ¿Aprovechará la visita para disfrutar de las fiestas de Valladolid?

R.- Hace mucho tiempo que no vengo. Este año voy a estar actuando y podré aprovechar los días grandes. Tengo ganas de llevar a mis compañeros (Cristóbal Suárez y Jorge Usón) a que conozcan Valladolid y a comer por la ciudad.

P.- ¿Es más de feria de día o de caseta regional?

R.- Las casetas, como las peñas son para mí algo nuevo. Cuando yo vivía las fiestas intensamente no había nada de eso, pero pienso dejarme caer por allí.

P.- ¿Qué era lo que más te gustaba hacer en fiestas?

R.- Yo tengo grandísimos recuerdos de las fiestas -aunque eran SanMateo y pasábamos más frío- De cuando iba con mis padres a las ferias de La Rubia o a la Feria de Muestras y salíamos con una gorra en la cabeza o bolsas llenas de publicidad. O Más adelante de ir con los amigos a las ferias…

P.- Cada vez que pone un pie en Valladolid es más famoso que la anterior. No podrá pasar desapercibido…

R.- Lo testo cada vez que voy. Eso es maravilloso. No me hice actor por esa razón, es un daño colateral, pero es un resultado de que me va bien en el trabajo.

P.- El espectador te ha visto como funcionario de prisiones con mucho carácter, como terapeuta de gente con obesidad o luchando contra los romanos comoViriato. Lo de no encasillarte va viento en popa.

R.- Uno nunca es muy dueño de su carrera, pero intento asumir retos diferentes que no me acomoden. He tenido oportunidades de coger papeles de los de llenar la nevera, pero creo que es bueno no acomodarme.

P.- Cine, teatro o televisión ¿Cuál alimenta el alma y cuál llena la nevera?

R.- Hace tiempo estaba todo más estancado. Esas fronteras ahora se han roto, no existen. Nunca he dejado de hacer teatro. Es bastante agotador, pero me da la vida, para mí es indispensable. Es verdad que la nevera la llena más la televisión o el cine, pero no es sólo una cuestión pecuniaria, es más pensar en quién lo hace y cómo lo hace.

P.- Dicen que el cine está en crisis. ¿Realidad o ficción?

R.- El cine está en crisis en algún aspecto. Antes había un boom de abrir salas de cine y ahora de cerrarlas, igual que los videoclubes, que también han desaparecido. La necesidad de la gente de que les cuenten historias es vital. Creo que el cine no va a morir, pero las formas de visionarlo están cambiando, aunque para mí es impagable la experiencia de disfrutar una película en el cine.

P.- Lo que no pasa de moda es el teatro. ¿Tú que has trabajado mucho con libretos de Shakespeare echas de menos más clásicos?

R.- Los clásicos son una garantía de calidad, pero me interesan mucho también los textos contemporáneos como Málaga o Mi pequeño Poni. El teatro es un espacio en el que todo cabe y yo soy bastante ecléctico como actor y como espectador.

http://www.diariodevalladolid.es/noticias/valladolid/es-mucho-mas-dificil-escribir-pregon-interpretar-personaje_96474.html

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Entrevista revista teatros

Roberto Enríquez


Obra: La rosa tatuada

En el Teatro Maria Guerrero de Madrid (CDN) del 29 de abril al 19 de junio de 2016

Este es uno de los alegatos más hermosos y sencillos que he leído de la necesidad de amar
Publicado el 01 de Abril de 2016
Popular por su trabajo en exitosas series nacionales de TV como “Vis a vis”, “Isabel”, “Hispania, la leyenda” o “La Señora”, este apasionado actor leonés de mil caras es capaz de arrancar el aplauso más honesto del respetable con interpretaciones como la de “Fausto” de Tomaz Pandur, su último rol teatral, ese que él mismo ha descrito como ‘el papel más vital de su carrera sobre las tablas’.
¿Qué desprende esta función?
El propio Tennessee decía: “Hagamos una plegaria para los corazones salvajes que viven en jaulas” y de eso habla. El tema fundamental está dirigido hacia el conflicto entre la tradición y la modernidad, pero se habla también de otros temas como las comunidades emigrantes y lo intangible, las carambolas de la vida que hacen que se produzca la magia y que esta exista, como por ejemplo cuando en mitad de la desgracia encuentras tu fortuna.
Interpreta a Álvaro Mangiacavallo. ¿Cómo es este personaje?
Es un prisionero más que se muere por vivir algo bonito en su vida. El hecho de que sea inmigrante queda muy patente en la obra y recibe insultos como ‘macarroni’, ‘espagueti hijo de puta’, ‘italianini’… Hay una presión brutal simplemente por ser inmigrante e italiano, de tercera para ellos. Tiene a tres chupópteros en su familia a su cargo que son su hermana, su abuela y su padre mientras él trabaja transportando plátanos. Ve que se le está pasando el arroz y que sus circunstancias vitales no le dejan volar. Tiene todas esas obligaciones y lo único que desea es sentirse fuerte y sano y amar a una mujer.
Para usted, uno de los momentos más significativos del montaje se produce cuando…
En el tercer acto, cuando Serafina rompe la bola. Es muy simbólico, porque el primer acto se desarrolla en todo ese momento de fiesta y fuegos artificiales que ella vive con su marido, pero es muy breve. Inmediatamen-te el marido es asesinado por lo que transporta aparte de los plátanos y, a partir de aquí, viene todo el declive de esta mujer. En el tercer acto, esa mujer que vive con las cenizas de su marido en una urna, adorándola, la rompe por una noticia que recibe y se permite vivir como una mujer libre. Para mí, ese es el momento más decisivo.
¿Y su frase más conmovedora?
“La noche está cálida pero yo siento que las manos se me hielan. Yo sé qué es eso que calienta el mundo, lo que hace que sea verano”, coge la mano de Serafina, la pone en su propio corazón, y añade: “sin esto, la rosa no crecería en la rama, la fruta no maduraría en el árbol”. Hay algo muy puro, muy pasional, vital, esperanzador. Es uno de los alegatos más hermosos y sencillos que he leído de la necesidad de amar.
Aparte de “La rosa…”, ¿qué otros proyectos tiene entre manos?
Estoy de gira con “El pequeño poni” de Paco Bezerra junto a María Adánez. Aparte, estoy terminando de grabar los últimos capítulos de “Vis a vis” en Antena 3 y, además, tengo por ahí una película que es un thriller que se va a estrenar en breve llamada “Garantía personal”.
http://revistateatros.es/entrevistas/roberto-enriquez_1469/

Información sobre el montaje en la web del CDN: http://cdn.mcu.es/espectaculo/la-rosa-tatuada/

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Entrevista publicada en el blog ‘La espuna de los Días’

“SOY UN TÍO AFORTUNADO AL QUE LA VIDA DEJA ELEGIR”

Si es la mirada lo que distingue a un actor, él la tiene. La capacidad para ver, para escuchar el mundo que le rodea, hacerlo suyo y transmitirlo luego desde un escenario, desde una pantalla de cine o colándose en las casas de los espectadores a través de la televisión. Como un alquimista de las emociones, va acumulando vivencias y recuerdos en la mochila desde que hace un cuarto de siglo se subiera al escenario del María Guerrero.

Entonces, Roberto Enríquez prestó sus rasgos aFortimbrás, príncipe de Noruega, en la versión de Hamletdirigida por Jose Carlos Plaza en la que el protagonista fue interpretado por Jose Luis Gómez, primero, y por Jose Pedro Carrión, después. También ha cedido su capacidad de seducción a un Don Juan que lucha por su libertad, en la nada ortodoxa pero mucho más interesante versión de Palau i Fabre, o su visceralidad a un padre centrado en su trabajo que deja a su hijo sin estar muy seguro de con quién enMálaga. Hace diez años llegó a Madrid un director yugoslavo para llevarle hasta el Infierno de Dante. Aquel fue un montaje impactante, nuevo, difícil de olvidar para los actores, pero también para el público. Así que todos, intérprete, director y espectadores, nos quedamos con ganas de más.

Una década han tardado en volver a reunirse. A la llamada de Tomaz Pandur para que interpretara a su Fausto, no pudo más que entusiasmarse y reservar el tiempo necesario para entregarse en cuerpo y alma. Una función que sólo podía nacer de la unión de un alquimista y un mago, que con un poco de suerte se volverán a encontrar para disfrute de todos.

Dos días después de bajar por última vez el telón, con los restos del doctor alemán aún pegados a la piel, de los que a un intérprete obsesivo como él le costará deshacerse, posaba en un soleado Lavapiés protegido del frío de Madrid por un cuello de lana y una cazadora de cuero. De negro. “A veces me vuelvo un poco loco y me pongo algo gris”, bromeaba con una media sonrisa. “Me gusta mucho el barrio”, afirma cruzando por delante del teatro donde ha estado trabajando los dos últimos meses y lo cierto es que encaja en él. Enríquez es un gran conversador. Habla despacio, tranquilo, moviendo muy poco las manos, apenas para remover el café con el que se templa la garganta, y mirando directamente a los ojos de su interlocutor, cómplice. Se expresa de forma tan sencilla y clara como precisa, aunque en ocasiones su pasión por el teatro, por la interpretación, le hacen interrumpir y precipitarse. Reír.

Si se bucea en sus ojos, se atisba que ya lo echa de menos, pero pronto la sonrisa apunta,  cuando recuerda que anclarse en él, le privaría de disfrutar todas aquellas aventuras que aún quedan por conseguir. Los retos que le quedan por asumir. Le ha ganado la partida a Fausto,  lo ha hecho suyo y, ahora, sólo queda dejarle ir y decir: “que pase el siguiente“.

 

Pregunta: ¿Qué tal el final del viaje?

Roberto Enríquez (RE): Muy emocionante. La última función fue maravillosa. Estábamos todos ahí con los sentimientos a flor de piel. Era la última. Llevamos, yo qué sé, un mes y pico, casi dos, representando [Fausto] y luego casi otros dos meses de ensayos… Ha sido un tiempo largo e intenso. Fue una despedida muy emotiva.

P: Es tu segundo trabajo con Tomaz Pandur. ¿Has notado diferencias del primero al segundo?

RE: Muchas. De Infierno hace diez años. Lo he notado en un sitio artístico diferente, y también personal, igual que me pasa a mí. Lo que más me ha gustado ha sido como iba quitando cosas en el trabajo. En Infierno y en otros montajes que le he visto había algo más barroco, y aquí se ha quedado con la esencia.

P: ¿Sigue siendo un director que te deja jugar?

RE: La experiencia de ensayar y trabajar con Tomaz Pandur es alucinante porque es como una especie de mago. Primero por el ambiente que crea en la compañía. Te trata verdaderamente como si fueras de cristal, con mucho cariño, con mucho cuidado, mucho amor, y luego es apasionante, porque te da unos márgenes de libertad increíbles. Te invita a lanzarte al abismo, a lo desconocido, a estar en el vacío, a encontrarte con cosas que no habías ni sospechado. No hay nada más creativo que esa forma de trabajar. Comenzamos haciendo un trabajo más intelectual, más de mesa, pero a medida que esa primera etapa corta pasa, nos ponemos a jugar en un espacio bastante aproximado a lo que va a ser [el espacio escénico], con luces y música que generan un ambiente. Con un vestuario muy aproximado, porque el figurinista está trabajando desde el primer día de los ensayos, y no es lo mismo que estar trabajando con el chándal. Son detalles externos que te ayudan a meterte en el sitio.

P: ¿Te imaginabas cuando llegabas a Madrid desde Valladolid, con veinte añitos, que ibas a acabar así?

RE: Ni mucho menos. Había acabado en la Escuela de Arte Dramático, venía a continuar mis estudios en el Laboratorio de Layton porque Charo Amador, que era mi maestra en la Escuela, me habló de él. Vine a hacer las pruebas, me cogieron y nada, busqué piso de alquiler ese verano para luego empezar en septiembre, y cuando había encontrado piso y vuelto a Valladolid, me llama Charo Amador, que era precisamente la Ayudante de Dirección de Plaza, diciéndome que José Carlos está buscando un Fortinbrás, el Príncipe de Noruega, para hacer un Hamlet, un Hamlet mítico en el que estaban José Luis Gómez, Berta Riaza, Alberto Closas, Rafael Alonso… Hice las pruebas, me cogieron y ahí empezó el sueño.

P: Simultaneaste Laboratorio y…

RE: Sí, por las mañanas iba al Laboratorio, por la tarde a los ensayos y luego a las funciones, y con la gracia de que además muchos de los actores eran mis compañeros por la tarde y mis profesores por la mañana, la verdad es que fue una época maravillosa, muy intensa de trabajo pero yo me levantaba por la mañana como una moto, volvía a mi casa por la noche tardísimo y cada día era maravilloso.

P: Entonces eres de los que defienden que el actor tiene que formarse.

RE: Lo defiendo con mi camino. Yo estudié en la Escuela de Arte Dramático [de Valladolid], luego me metí tres años en Layton, estuve haciendo seminarios con diferentes maestros tres años, me matriculé en la escuela de Corazza donde estuve otros tres o cuatro años enganchando con otros dos años en que estuvimos haciendo Mucho ruido y pocas nueces… Con Agusto Fernández, que venía de Argentina, estuve haciendo como cuatro seminarios a lo largo de dos años… Nunca he parado de formarme. Me parece que te refresca, que te ensancha la camiseta. En un seminario, en un curso, lo que buscas es huir del resultado, investigar y alejarte. Para que salga algo bueno no tienes que ir por el resultado.

P: Jugar.

RE: Jugar siempre, pero quiero decir, cuando trabajas profesionalmente el resultado está ahí, tienes que dar un resultado y lo mejor posible y se supone que en el espacio de formación lo que estás haciendo es investigar y, aunque salgan cosas imperfectas, lo importante es descubrir la esencia que puede tener esa escena, un momento, una relación, qué significa ese texto… eso merece la pena. Te descargas de responsabilidad y puedes jugar más, como tú dices, a descubrir, a investigar, a profundizar… a arriesgar.

P: Hablando de profundizar, ¿en qué piensa Fausto cuando está solo antes de comenzar?

RE: Pues mira, lo que piensa Fausto en ese momento es lo que yo le digo que piense y el pobre pensaba… Fausto ha llegado a un punto en su vida en que ya no hay retorno y entonces decide quemar su último cartucho, invocar a las fuerzas del mal después de haberlo probado todo y no obtener ninguna respuesta, para ver si finalmente ocurre algo que cambie las cosas o todo permanece igual. Es un tío muy descreído. En su fuero interno cree que ya no hay ninguna esperanza porque ha malgastado su vida intentando, a través de la erudición, encontrar el sentido de la vida y no ha encontrado nada. A través de la magia negra tampoco. Es su último cartucho. O pasa algo que cambie o su vida acabará en ese momento. Está abocado al suicidio. En eso es en lo que está pensando antes de empezar a expresar esa angustia. Hay una primera parte en el monólogo donde expresa todas sus carencias, su hartazgo, su frustración, todo su deseo y pasado ese momento pasa a la acción y empieza a invocar y a intentar que algo pase.

P: ¿Cuántas veces te leíste el monólogo antes de entenderlo?

RE: En un primer momento, cuando leí el texto, primero me asusté al ver la cantidad de texto que tenía. Después me asusté por ver la dificultad del texto que tenía, porque ya no es sólo la cantidad sino la dificultad formal a nivel poético y filosófico y la profundidad de cada frase, cada concepto. Muchas partes no las comprendí en un primer momento y hubo que desentrañarlas en los ensayos. Otras tampoco las comprendí ni cuando estrenamos. Y día a día, en las representaciones, hubo frases que estaban a oscuras y de repente se iluminaron. Finalmente llegué a la conclusión de que, es una obviedad lo que voy a decir porque no  sería un clásico ni estaría situado donde está, [Goethe] es un genio, un maestro. Primero por la capacidad que tiene de hablar por boca de cada personaje. Es capaz de ponerse en la piel de esos personajes, hablar desde su alma, desde su comprensión del mundo.

Margarita es una chica de campo, tan sencilla, tan cándida, y habla desde ahí. Fausto que es el de las grandes ideas, las atracciones, las alegorías, y habla desde ahí. Mefistófeles que es el más socarrón y cabrón también habla desde ahí. Y luego por su capacidad, esta obra la escribió durante sesenta o setenta años, no lo sé exactamente, a medida que lo haces como intérprete, notas, día a día, cómo hay un conocimiento tan brutal y tan profundo del alma humana, las circunstancias por las que vamos atravesando a lo largo de nuestra vida… y él escribe con una sabiduría que, no sé, se ha convertido verdaderamente en mi credo.

P: Además transformado por la poesía de Pandur que le da una vuelta de tuerca sobre todo a los personajes de Margarita y Valentín.

RE: Efectivamente le da una vuelta de tuerca a esos personajes, porque la familia Mefistófeles son los que se encargan de representar estos roles, pero le da una vuelta a todo lo que tiene que entidad Mefistófeles, que aquí está representada por una familia pero que luego, en la segunda parte, también representan la inquietud, la escasez, la pobreza.

P: ¿A vosotros os explica las imágenes? Porque Pandur nunca explica lo que pone en escena.

RE: No, no, no. No, no lo explica. Además creo que es muy interesante y es parte de la magia de su trabajo. Llegas al ensayo. Hay un ambiente generado con luces que ya te están generando una atmósfera, con una música, a veces la música de la función y a veces otra. Luego nos da unas premisas y a partir de ahí hacemos una improvisación. Esas premisas son unas claves pero son interpretables, se puede ir por un lado o por otro. Entonces, a partir de lo que tú haces él construye y si algún actor tiene la tentación de preguntar, no termina de abrir el significado. Trabaja mucho desde el inconsciente, desde algo que en un momento dado no eres consciente y aparece y te sorprende. Yo creo que los símbolos están ahí para no hablar de ellos porque un símbolo tiene algo abierto y cada espectador, cada persona es soberana para interpretarlo de una manera diferente. Si tú explicas el significado va a haber posibilidades que se van a restar o no vas a ser tan libre a la hora de interpretarlo.

P: ¿No te apetece interpretar a un personaje que sea más dulce, tierno, que no sufras?

RE: A mí lo que me apetece es hacer personajes que, independientemente de que estén en el lado más luminoso o en el lado más oscuro, más torturados o más ligeros, sean interesantes. Normalmente los personajes complejos suelen estar torturados. Representar un personaje que está enamorado suele ser mucho menos interesante. Porque cuando te enamoras estás en un estado maravilloso, pero te vuelves un poco tonto, no ves nada, todo te parece color de rosa, y siempre es más interesante ver a alguien a quien le está pasando la vida por encima como un tren y que a pesar de todo intenta sobrevivir a esas circunstancias, intenta buscar una rendija de esperanza. Me parece siempre mucho más interesante, mucho más rico cuando la vida te aplasta que cuando la vida te da besos.

P: ¿Y ahora como cabeza de familia tienes libertad para elegir o te sientes más presionado?

RE: Pues… [se para un segundo mirando el café y sonríe afirmando] me siento más presionado, sí. Dos bocas que alimentar y monoparental, pues la ecuación no es fácil a nivel económico, y bueno, hay veces que igual antes… [de nuevo interrumpe la frase a medias] Bueno, me considero un tío afortunado al que la vida deja elegir. Alguna vez he elegido algo que me gustaba menos, por una cuestión económica, pero siempre son cosas que, por algo, me seducen. Nunca, por lo menos últimamente, aunque no sé cuánto abarca últimamente, en estos últimos años, por algo, siempre me ha interesado lo que estaba haciendo. Luego me he podido equivocar. A posteriori dices, pues esto no debería haberlo elegido porque no era lo que esperaba, pero bueno, es la vida misma.

P: ¿Y Qué le falta a la televisión en España para tener la calidad de las de fuera?

RE: Bajo mi modesto punto de vista le faltan dos cosas. Riesgo, por parte de las cadenas y los productores ejecutivos a la hora de elegir o de crear un proyecto. Yo creo que las series norteamericanas que se están haciendo ahora, ya sea por la forma de contarlas, por el fondo o por las dos cosas, son muchos más modernas incluso que el cine que se está haciendo y no me extraña que estén teniendo ese exitazo. Y luego, fundamentalmente, falta de dinero. En España hay mucho talento por parte de directores, guionistas, actores, gente de producción, de profesionales del medio, o sea, figurinistas, escenógrafos, cámaras… mucha gente con mucho talento. Y yo creo que lo que falta, porque eso se ve cuando vienen a trabajar producciones de fuera que flipan con el nivel profesional de la gente que hay aquí, o muchísimos profesionales artísticos que estamos exportando a fuera. Las series estas de que estamos hablando cuentan con un dineral para hacer un capítulo, cosa que aquí no ocurre.

P: ¿Crees que con la nueva “ley mordaza” van a desaparecer obras como 19:30 que, sin mencionar partidos, se plantea un problema…?

RE: A mí me parece que el teatro, el cine, todo tipo de arte que hable sobre ficciones, sobre historias que haya que contarle a los demás, tienen que ser necesariamente… bueno, no necesariamente, hay muchos objetivos a la hora de contar una historia, puede ser una historia que simplemente te entretenga, pero incluso las buenas comedias o buenas historias de entretenimiento te cuentan algo más, para mí ahí está la clave y tiene que remover. El arte tiene que ser crítico y ser espejo de su época. Si hay una ley mordaza, si hay filtros o censuras del tipo que sean, pues entonces ya mal vamos, porque hay algo de la propia esencia que no se va a cumplir. No sólo en nuestro trabajo, sino en la vida en general. Ahora, cuando ha pasado esto de París, esta tragedia de Charlie Hebdo, se empieza a hablar de la ley Schengen, para que no haya libre circulación entre los europeos… Frente a la seguridad siempre aparece la palabra libertad, me parece que es una coartada a veces para el poder que haya peligro para recortar libertades. Eso, para la vida en general me parece nefasto, y para el arte en particular. No creo que eso sea nunca necesario, al contrario, hay que educar y no legislar tanto, educar.

P: Ese puede ser el problema quizás, que no estemos educados para ser libres.

RE: Yo creo que sí, que es una asignatura muy pendiente, pero mucho. Se pone el acento en muchísimas cosas pero no en educarnos en la libertad, con respeto. Cuanto más conocimiento tengas más libre eres para decidir… eso ha sido algo que al poder nunca le ha interesado demasiado, que la gente estuviera instruida y fuera libre, es más difícil de manipular.

P: ¿Ahora como padre cómo te lo planteas, porque también tiene que cambiar?

RE: Me lo planteo de la manera más modesta posible, intentando educar a mis hijos con la mayor libertad moral y de pensamiento de la que soy capaz. No estoy libre de ser prisionero de mis propias creencias, mis propias vivencias ni mis propias limitaciones, pero desde ahí intento educarlos con la mayor libertad.

P: ¿Puede ser esa la conclusión a la que llega Fausto, que la libertad de elegir es la que le lleva a “oh instante eres tan bello”?

RE: Lo que le pasa a Fausto al final, es que después de haber estado trabajando, buscando sus objetivos de forma muy onanista, todo era yo me enamoro de Margarita, yo estoy con el emperador y soy un hombre poderoso, siempre algo con él mismo, descubre al final de su vida que lo que le da la satisfacción es hacer algo por el bien de los demás. Por eso, cuando decide robarle tierra al mar mediante diques y hacer una tierra donde uno millones de individuos puedan vivir libres, aunque con peligros, ahí descubre que eso es lo que da verdaderamente satisfacción a su vida.

P: La libertad de los demás.

RE: Sí, o el poder hacer algo para que los demás sean libres y puedan vivir en una tierra libre, no exenta de peligro, ni de trabajos. Eso que dice “La conclusión suprema de la sabiduría es esta, sólo merece la libertad, lo mismo que la vida, el que tiene que conquistarla día a día”, y luego “y de esta suerte, rodeados de peligros, aquí pasan sus esforzados años hombres, niños, ancianos…” No está buscando un paraíso Walt Disney donde la gente sea libre, no tenga ninguna obligación, ningún peligro, ninguna contrapartida, no. Van a estar en una tierra que va a estar amenazada por muchas cosas, incluso por la propia naturaleza porque lo que han hecho es echarle un pulso, pero conseguir, aunque sea vivir en el filo de la navaja por un espacio de libertad, es lo que a él le da la satisfacción y finalmente muere.

P: Descubre que cuando te lo dan todo, nada merece la pena porque ya sabes que te van a decir que sí

RE: Efectivamente, hay que ganárselo, como él dice, día a día. Ahí están la vida y la libertad.

P: ¿Sigue siendo Hamlet el personaje que te queda, o ya con Fausto te quedas tranquilo?

RE: Pues mira, la verdad es que sí, con Fausto me he quedado bastante tranquilo. No me importaría, me encantaría hacer Hamlet, porque es un personaje tan maravilloso… Es como Fausto, otro de estos metapersonajes. Está tan bien escrito, habla con tanto conocimiento del ser humano, con tanta sabiduría. Sus propias circunstancias vitales le colocan en un sitio de una mente tan preclara, tan humana que lo hacen grande. Es maravilloso, creo que lo tiene todo. Para mí, de los dramas de Shakespeare, es de los más redondos, casi, casi, perfecto.

P: ¿Eres un actor que trabaja todo el tiempo, que va pillando cosas cuando pasea por la calle?

RE: Sí, claro, por encima de todo soy actor, incluso cuando vivo las situaciones personales más controvertidas o más etcétera, siempre hay un punto de vista en que como actor estás viendo, fíjate esta situación cómo es, aunque sea, yo qué sé, la cosa más tremenda.

P: Esto me va a servir cuando…

RE: Claro, claro. O para observar una situación que realmente… la vida es muy sutil alejada de los tópicos y te sorprende, entonces yo tengo eso… no lo puedo evitar, lo veo así. Veo un suceso, me ocurre a mí, y siempre tienes un punto de vista de cómo tú has reaccionado, cómo te comportaste, cómo era esa situación, lo que estaba pasando, es como una especie de músculo que entrenas, estar siempre observando más allá, la calle, escuchas a la gente, tenemos que ser como una especie de entomólogos de la vida, de ti mismo.

P: ¿Y qué más puedes pedir al futuro?

RE: Pues mira, no sé qué pedirle. Que me traiga lo que quiera. No quiero pedirle nada, me conformo con lo que me va dando. Que me siga dando proyectos de los que pueda enamorarme y venderlos con pasión y con creencia, nada más.

P: Y otros 25 años sobre las tablas.

RE: Bueno, estaría bien otros 25 años o hasta que el cuerpo aguante y la mente aguante.

P: Tu planteamiento es seguir trabajando hasta que el cuerpo aguante.

RE: Por supuesto. Había un compañero, ahora en la compañía, que estaba ensayando un montaje por la mañana, trabajando en nuestra función por la tarde, y decía otro: ‘pobre, porque está…’ y pienso ¿Pobre? pobreza es estar en tu casa comiéndote los mocos. La fortuna es trabajar. Para un actor, estar encima de un escenario. Esa es la maravilla de nuestro trabajo, que cada momento tiene su afán y te da la posibilidad de estar ahí, siempre encima, con tus vivencias, con tu experiencia, con tu todo, con la edad que tengas, y eso es impagable.

http://laespumadelosdias.net/2015/01/16/soy-un-tio-afortunado-al-que-la-vida-deja-elegir/

 

Roberto Enríquez (Fotos La Espuma de los días – J.S.Gutiérrez)

 

 

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Foto: Enrique Cidoncha

 

Roberto Enríquez 
“Sánchez-Arévalo es el director que susurraba a los actores”

El Bevilacqua de ‘El alquimista impaciente’ y padre de Boabdil en ‘Isabel’ ha vuelto a las tablas del María Guerrero. “Me encomiendo a su estampita”, asegura


EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Aunque Roberto Enríquez nació hace 46 años en Fabero, un pueblecito del Bierzo, está claro que su medio es la gran ciudad. Paseamos con él por su barrio, el muy castizo y multirracial de Lavapiés, en Madrid, y se le ve en su salsa. Charla con el viejecito cascarrabias que da de comer a las palomas en un banco (y que se cabrea si se las espantas) y nos enseña el local de su peluquero de cabecera, Hakim. “Estás cortándote el pelo y entra uno, magrebí claro, y le dice ‘Buenos días, Rahoy’ [imitando el soniquete árabe], y Hakim le contesta ‘Qué pasa, Sapatero’. Son la monda”.
– Parece mentira que viniera al mundo en los Ancares, entre robles y pallozas.
– Soy un completo urbanita, y muy de barrio. Me gusta el pueblo, lo disfruto cuando voy, pero mi medio son estos adoquines y ladrillos. De hecho el barrio obrero en que me crié en Valladolid, Pajarillos, y este de Lavapiés o el de La Latina, son lugares parecidos al pueblo. La gente se conoce, se ayuda con las bolsas de la compra, se presta la ramita de perejil o la cabeza de ajos…
 
– Sin embargo se crio en Valladolid, donde estudió Arte Dramático ¿por vocación, por aburrimiento o por curiosidad?
– Cuando me metí a estudiarlo fue por vocación y pasión. En Pajarillos había un centro juvenil donde hacía baloncesto, cerámica, guitarra y… teatro. A la gente le parecía que lo hacía bien. Siro López, nuestro profesor, era un tipo muy inquieto. Con dieciséis años ya nos hacía leer a Meyerhold, Grotowski, Stanislavski, etc. Y con lo poco que entendíamos de nuestras lecturas, hacíamos lo que podíamos. Después empecé en la Escuela de Arte Dramático y prácticamente vivía allí.
 

– Y después a ampliar estudios a Madrid, con Layton, con Corazza… Pero antes debutando en el María Guerrero en el ‘Hamlet’ de José Carlos Plaza. ¿Es usted así de modesto para todo?
– No, aquello fue un golpe de suerte. Charo Amador, que daba clases en Valladolid, era ayudante de dirección de José Carlos Plaza, al que se le ocurrió la feliz idea de incorporar en el montaje a Fortinbrás, el príncipe de Noruega, que aparece a mitad de la pieza. Era un papel pequeño y hacía falta un chico joven. Charo intercedió por mí, me presenté a la prueba y tuve la maravillosa suerte de que me escogieron. Antes había estado en el Laboratorio de Layton con otros compañeros de la escuela, con vistas a venirme a Madrid al siguiente año. De pronto sonó el teléfono y era Charo.
– Y esa noche no cenó de los nervios que tenía.
– Así es. Estaba alborozado, y también un poco asustado. Pero fui y todo salió bien. Todos me llamaban “el niño”. Imagínese ver ensayar a José Luis Gómez, a Berta Riaza, a Rafael Alonso, y luego irnos de gira con el CDN durante dos o tres años. Jamás he hecho tantas funciones de una misma obra. Aprendí mucho de todos ellos.
 
Verdura, fritanga y pilates
– Hablemos de formación. El actor debe mantener su cuerpo en forma. ¿Cómo lo hace usted?
– Me quedan restos de haber sido vegetariano durante casi diez años. Ahora ya como carne y, claro está, mucha verdura y fruta. Pero también me gusta el dulce más que a una mosca. Y no hago ascos ni a la fritanga ni a la bollería industrial. Con respecto al ejercicio, hago principalmente pilates. Por épocas voy al gimnasio, pero esto me resulta más penoso, poco creativo. Tú y la pesa, la pesa y tú. También salgo bastante a correr.
 

 

– Tampoco hay que descuidar la formación teórica. Recomiéndenos alguna lectura teatral de cabecera y díganos por qué.
– De las lecturas que más me impactaron de chaval, destacaría las del teatro pobre de Grotowski y todo Stanislavski, aunque con este pensé que lo de ser actor iba a ser muy difícil. Y me parecen muy interesantes los ensayos teatrales de David Mamet, los de la primera época, lo más reciente me resulta un tanto contradictorio o confuso, quizá por su desencanto. Y recomendaría también El actor y la diana, de Declan Donnellan.
– ¿Hay alguna obra que le gustaría interpretar y no ha podido?
– Haciendo Málaga, de Lukas Bärfuss, la directora Aitana Galán me descubrió  otra de sus obras,Las neurosis sexuales de nuestros padres. Espero poder hacerla algún día. Y el personaje soñado, aunque estoy a punto de que se me pase el arroz, es Hamlet. Aunque creo que aún podría hacerlo con la edad que lo hizo José Luis Gómez. Estuvimos tanto tiempo con este clásico que me lo sé de pe a pa. Dentro de unos años me gustaría hincarle el diente a Ricardo III. Lo que me encanta, de todos modos, es descubrir nuevos personajes, como me ha ocurrido con el Pepe Rey de Doña Perfecta.
   El leonés, que terminó recientemente las representaciones del clásico galdosiano en el María Guerrero a las órdenes de Ernesto Caballero, confiesa que desconocía la novela antes de enfrentarse a la adaptación teatral, y que ha sido una revelación.
 
– Hay quien diría que los temas de Galdós están algo pasados de moda. ¿Se atreve a defender la vigencia del novelista?
– Por supuesto. Quizá con otras obras podría generarse ese debate, pero en este caso creo que queda patente la universalidad de Galdós. Pienso que es difícil encontrar una obra que plasme tan bien lo que ocurre hoy en día: una clase política corrupta que alimenta a una sociedad clientelar, una moral clerical y de derechas impuesta desde el Gobierno, una educación segregada para volver a las desigualdades de antaño, la muerte de la clase media… No es necesario defender la vigencia de Galdós, basta con leer la novela.

 

– ¿No resulta un poco alucinante que Ernesto Caballero introdujera música de Peter Gabriel en el montaje?
– Esto es una creación de Ernesto y la verdad es que no me cuestioné sus decisiones sobre efectos audiovisuales o ambientación musical. Se trata de una estilización que a mí me gusta, pero que no me cuestioné. Creo que no hay que hablar mucho de los símbolos porque su explicación los destruye. Como espectador soberano, cada uno decide si estos recursos le encajan o no. Pero está claro que no es un montaje naturalista, tampoco en el vestuario, que retrocede en el tiempo.
 
Santa María Guerrero
– ¿Qué se siente al volver al teatro que lo vio nacer profesionalmente?
– Para mí ese teatro está imantado de una energía especial. Siento algo físico que va más allá de lo intelectual cuando estoy entre cajas. Tiene unos hombros pequeñísimos y prácticamente lo que se ve de espacio escénico es lo que hay. Allí pasé cinco años con Plaza. Luego volví con El infierno de Pandur, haciendo de Virgilio. Mirar para arriba y volver a ver ese peine; reencontrarme con Labra, el regidor, que es una institución y que guarda su estampita de Doña María Guerrero, a la que me encomiendo todas las noches.
– No le hacíamos supersticioso.
– Ni lo soy, pero en este teatro hay una leyenda de que desde que se llevaron el retrato de Doña María pasan desgracias.
 
   Enríquez es un tipo alto y bien plantado. Se ha presentado con un jersey de punto grueso con cuello alto y holgado, chupa de rocker negra, vaqueros grises desvaídos, barba de tres días y sonrisa desarmante. Antes de sentarnos a charlar, unas estudiantes ya talluditas le piden que les firme aunque sea los apuntes. Y él, encantado. Solo se pone un poco tenso cuando, ya metidos en conversación, alguien desde una mesa cercana trata de robarle unas fotos. “No me jod… En fin, pasando. Sigamos”.

 

– Le proponemos un juego: su agente le llama para comunicarle que va a protagonizar un ‘biopic’ sobre Alejandro Sanz… ¿No me diga que nadie le ha dicho que se parece?
– [Se troncha de la risa] Sí que me lo han dicho, sí. ¿Lo aceptaría?
– Usted dirá.
– Si le soy sincero, los biopics sobre personas vivas suelen ser políticamente muy correctos, con muchas luces y casi ninguna sombra. Yo he hecho algunos y suele tirarse por el camino de en medio. En fin, me leería el guion y si necesitara el dinero, lo haría, pero si el guion cayera en ese terreno de la corrección política, optaría por otras cosas más estimulantes.
 
   Hablando de expriencias estimulantes, cabe recordar que Roberto Enríquez fue padre hace dos años, paternidad que afronta en solitario tras recurrir a un vientre de alquiler en la India.
– ¿Cómo le ha cambiado la vida?
– El primer año antes de que nacieran mis hijos tuve que decir que no a cosas, porque andaba yendo y viniendo a la India, que es donde estaba su madre. No podía comprometerme con ningún proyecto. Pero estaba convencido y feliz de lo que estaba haciendo. Por otro lado, el segundo año ha sido, a pesar de una canguro que me ayuda, un año muy duro. Tenga en cuenta que son mellizos y que la familia es monoparental. Ha habido trabajos que he escogido adaptándome a las nuevas circunstancias. Por ejemplo, los seis capítulos de Isabel eran un compromiso asumible y lo de Doña Perfecta se gestó con mucho tiempo de adelanto.
– Eso en cuanto a la logística. ¿Y usted, por dentro?
– Cualquier individuo que se dedique a esto sabe que intentamos reflejar la realidad, y tu concepción de la vida se insufla en lo que haces. Yo creo que la paternidad te ensancha y te hace más poliédrico. Por otro lado, es como si uno tuviera muchas menos dudas, poniendo en su justo valor lo importante y lo accesorio. Es difícil de explicar con palabras.
– Su próximo personaje de padre será distinto.
– Pues, fíjese. En Málaga, donde interpretaba a un padre, empecé las funciones sin hijos y las acabé ya como padre. Nada cambió en el texto, pero muchos detalles variaron.

 

– Su nominación a los premios Max en 2002 por su papel en ‘La gaviota’, ¿respondía a un salto de madurez como intérprete?
– No lo sé. Pienso que en esta profesión hay un cúmulo de casualidades. Las cosas llegan cuando llegan, no necesariamente cuando estás mejor preparado, pero aquella fue una época muy interesante, una especie de triángulo de las Bermudas, con trabajos apasionantes, también en cine y televisión. Hacer a Kostia en esa pieza de Chéjov, un clásico para cualquier actor, fue una experiencia especial. Me fui muy lejos con él.
 
– ‘El alquimista impaciente’ fue su primer gran papel en cine y por él lo nominaron a un Goya.
– Y tuve la gran suerte de conocer a Patricia Ferreira, que apostó por mí.
 
– En aquel film se respiraba química entre usted e Ingrid Rubio. Conseguían hacer creíble la relación de Bevilacqua y Chamorro, que es bastante especial.
– Lo que pasó entre Ingrid y yo fue un flechazo artístico. Ella llegaba al rodaje con muy pocos días de trabajo previo porque había estado rodando en Argentina. No vivió la preproducción y yo me convertí en algo así como su lazarillo, poniéndole al día de toda esa preparación.
 
– ¿Le ha ocurrido alguna vez lo contrario, la antiquímica, la repulsión de los polos opuestos? ¿Qué hay que hacer para que no se note?
– Este es un tema peliagudo. Al fin y al cabo uno no puede olvidarse de que está al servicio de una historia. Esta historia no puede estar condicionada por la mala relación de personas en el equipo. El oficio te obliga a tener la flexibilidad suficiente para aguantar cosas que no te gustan. No creo que sea bueno despacharse a gusto o dinamitar puentes, incluso cuando tienes que poner los puntos sobre las íes, porque tiene que haber un territorio común para resolver las cosas. Yo he trabajado con algún compañero al que no soportaba y estoy muy orgulloso de haber llegado a entenderme con esa persona. Al final todo son rigideces. En nuestro trabajo se trabaja con la intimidad, no vale de nada dar un portazo.

 

Un tipo con bata
– Cambiemos de escenario. Fue masajista en ‘AzulOscuroCasiNegro’ y psicólogo en ‘Gordos’. ¿Qué ve en usted Daniel Sánchez Arévalo para que siempre le dé papeles con bata?
– Vaya, no sé. El caso es que también hice de psicólogo, aunque sin bata, en un corto suyo anterior [La culpa del alpinista, 2004]. Me deja usted pensando…
– ¿Cree que le ofrecen tipos de papeles concretos o varía mucho la cosa?
– Tuve una época en que hice militares y policías a tutiplén. Luego hice unas cuantas veces de buen chico, de tipo dialogante. Después me caían papeles de tío avieso. Mi carrera está jalonada de departamentos estancos.
 
   Enríquez también ha pasado, y con éxito, por las series de televisión. Su más reciente intervención fue en Isabel, pero su carrera en la pequeña pantalla se inició veinte años atrás en la comedia de Telemadrid Colegio mayor. Luego vendrían, entre otras, Esencia de poder (2001), su primer protagonista; La señora (2008-2010), que lo consagró; e Hispania (2010-2012), tal vez su do de pecho.
 
– Se le ve a gusto con personajes históricos y dramáticos. ¿Para cuándo una comedia?
– Echo de menos la comedia, aunque la he hecho en teatro y en la serie Pepa y Pepe, donde era novio de María Adánez. Pero el peso de mi carrera es dramático.
– ¿Será por su fisonomía?
– Ni idea. A veces consiste simplemente en que te den la oportunidad de hacer algo distinto, como el novio con frenillo en la boca que hice para Iborra en Pepa y Pepe.
– Recapitulemos: el punto más alto de su carrera, cuando pensó “estoy que lo peto”, fue…
– Es ahora, porque todo lo que he ido haciendo va grabado dentro. He tenido trabajos con repercusión y reconocimiento. Ya hemos hablado de la época de El alquimista impaciente, pero también está el momento de La señora. O el de El infierno con Pandur, que coincidió conAzulOscuroCasiNegro.
– ¿Fue un sorpresón lo de Sánchez-Arévalo?
– Para mí, no. Yo ya lo había visto trabajar en aquel corto y me di cuenta de que era un tipo muy interesante. No es habitual encontrarse con alguien tan talentoso y que no se copia a sí mismo. Es el director que susurraba a los actores. Se te acerca, te bisbisea algo al oído y te toca la tecla justa.
 
– Sigamos recapitulando: el momento más deprimente, cuando no había ni para pipas y los nudillos le dolían de llamar a tanta puerta fue…
– No recuerdo en qué años, pero antes de hacer Esencia de poder, pasé un parón bastante largo y frustrante. Me dio tiempo a hacer obra, a pintar la casa, a lijar puertas… Ya no sabía qué hacer. Llegó esta serie, muy estresante porque era de emisión diaria, que me sacó de aquel bache, que no solo fue profesional, también personal.
– ¿En qué cree que progresa adecuadamente y en qué necesita mejorar?
– [Resopla]. Creo que progreso adecuadamente en mi nivel de tolerancia, en la gestión de mis limitaciones, subjetividades y mezquindades en el trabajo, y eso hace que viva las dificultades sin traumas. Me ha quedado para septiembre la asignatura de… [se lo piensa] Hace poco recordaba la época en que hacía Hamlet con 21 años. En el metro, de camino al teatro, me sentía el rey del mundo y capaz de todo, con las fuerzas del león de Nemea, como diría el propio príncipe de Dinamarca. Creo que he perdido parte de esa fuerza y ese atrevimiento, y que debo mantenerlos vivos. En este oficio hay que vivir por momentos en cierto estado de locura. En eso, necesito mejorar.

 

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Roberto Enríquez: “Este Galdós de 1876 tiene mucho que decirle a los espectadores”

noviembre 4, 2013 Escena0

Ernesto Caballero, director de Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós, fue a ver el último trabajo teatral en
el que participaba Roberto Enríquez: Málaga. Allí le ofreció el personaje principal del montaje que estaba preparando. “Lo leí y le dije inmediatamente que sí”. El personaje tiene contrastes, claroscuros, desarrollo y algo que
contar. Características fundamentales para atrapar a Roberto. Para sumergirlo en alguien.

El actor habla el personaje que representa en “Doña Perfecta”

Meses más tarde, y hasta el próximo 24 de noviembre, se convierte en Pepe Rey. Su discurso ideológico revoluciona cada noche a todos los personajes del ficticio pueblo de Orbajosa. Una localidad situada en ninguna parte, sumida en un dominio clerical y corrupto. Su público tampoco queda indiferente.

Pregunta: El enfrentamiento “progreso vs. conservadurismo ultracatólico” es un conflicto que siempre resulta familiar. ¿Lo que se escriba hoy sobre esta situación seguirá funcionando siglos después con la misma vigencia?
Respuesta: Fíjate, tú lees un texto de autores griegos y algunos tienen una actualidad que parece que están escritos hoy día.

¿Esto se debe a elegir esta temática o por la maestría del autor?
Por supuesto, por la maestría que tiene el autor porque lo convierte en universal. Y luego, por la cerrazón del ser humano. No evolucionamos. En la tecnología y la ciencia sí, pero los sentimientos humanos se suelen repetir. Las historias que conocemos, desde el teatro más antiguo que hicieron los griegos, son las mismas: de ambición, de amor, de lucha ideológica. No evolucionamos mucho a nivel moral.

¿Cree que la evolución tecnológica entrará en conflicto con la moral y que en algún momento pueda afectar al teatro como difusor de mensajes?
Me parece que la gente sigue necesitando que le cuenten historias. Y el teatro es una de estas experiencias que es irrepetible, es decir, ocurre en vivo, en el mismo espacio donde tú estás.

Entonces frente a tanta copia y globalización hay algo que es personalmente para la gente.

Galdós no es un autor muy visto en los escenarios. ¿La respuesta del público es tan reflexiva como el mensaje de la obra?
Yo creo que este Galdós de mil ochocientos y pico tiene mucho que decirle a los espectadores, y con la coartada de estar escrito hace tanto tiempo. Y creo que llega, que hace pensar, que hace reflexionar, y trae a cosas que están ocurriendo hoy. Creo que ese es verdaderamente el fin del teatro, ponerles un espejo a los espectadores y mostrarles a sí mismos o los tiempos que están viviendo.

Roberto acoge a Cultura Joven en su camerino

Pero muchos de los avances tecnológicos para contar historias, han acomodado a muchas mentes…

Yo creo que hay una juventud súper inquieta y súper contestataria, que siempre la ha habido y otra parte de la juventud, la mayoría, que siempre la ha habido, que no. No es nada nuevo, hay gente que está más interesada en agrandar la camiseta, crecer y cultivarse, y otra gente que no, y eso ha ocurrido siempre, ahora estará Facebook, pero antes había otra cosa. El pan y circo de los romanos.

¿Cree que los jóvenes que ahora mismo están abandonando España, viviendo en otras culturas y abriendo su mundo,
volverán como Pepe Rey cuando llega a Orbajosa, ese pueblo tan clerical y corrupto, en el que tiene todo que contar?

No sé si los jóvenes que lamentablemente tengan que salir de este país porque no tienen futuro, irán a otras realidades que no sean como Orbajosa. Pero bueno, si volvieran de otras realidades que no fueran Orbajosa y vinieran a esta Orbajosa que estamos teniendo en este momento en España, pues estaría muy bien que armaran la tremolina, sería fantástico. Lo que me parece terrible es que se esté marchando la inteligencia de este país.

Un actor que ha tenido la oportunidad de trabajar tan buenos personajes, es un buen ejemplo para saber qué aporta la cultura y a la vez el teatro al enriquecimiento personal. ¿Cómo se puede fomentar esto en nuestros jóvenes?

Estando abierto a cualquier estímulo cultural, porque lo más importante es que ahí es donde somos libres, cuando podemos pensar por nosotros mismos y cuando tenemos conocimientos, información. Esto te lo da, leer, ver, estar
abierto, con las orejas atentas, a lo que puedas aprender de la vida misma, de la gente con la que te encuentras

El actor se prepara antes de la caracterización como Pepe Rey

Cuando Pepe Rey baje del escenario el 24 de noviembre, ¿qué personaje le espera?

Pues seguramente alguno en teatro también, pero no quiero desvelarlo porque todavía no me he decidido.

Esa capacidad analítica de calar personajes, ¿no le hace pensar en ampliar su campo a la dirección?

Sí, he tenido muchas tentaciones y me encantaría, pero todavía no sé, no me he lanzado a hacerlo. Y la verdad es que me gustaría

http://www.culturajoven.es/roberto-enriquez-entrevista-galdos/

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Vídeo de la entrevista de radio del programa ‘yu no tepierdas nada’ de los 40 principales (5-11-2013):

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Micromundo sexi

Cristina Pop Madrid 31
OCT 2013 – 19:15 CET

Al actor, que actúa en la obra ‘Doña Perfecta’ en el Teatro María Guerrero, le gusta caminar por encima y por debajo de la ciudad. El metro es uno de los espacios que más le fascinan

1. Teatro María Guerrero. Es un lugar para mí muy especial porque hace 25 años, cuando era muy jovencito, estrené aquí un Hamlet, con José Carlos Plaza, años más tarde vine a hacer el Infierno, con Tomaz Pandur y ahora, con Ernesto Caballero, he vuelto con Doña Perfecta. Así que este teatro está cargado de mi historia y de mi evolución profesional y personal. Hay muchas cosas que me hacen sentir como en casa (Calle de Tamayo y Baus, 4).
2. Matadero. Este espacio me parece colirio para los ojos. Tienes exposiciones de arte, varias
salas donde puedes ver muy buen teatro y después tomarte algo y disfrutar de todo el espacio. Me gusta muchísimo el concepto. A mí para ir me gusta bajarme del metro en Pirámides y darme un paseo por la ribera del Manzanares hasta acabar en el Matadero (Paseo de la Chopera, 14).
3. Las galerías Piquer. Desde mi casa veo buena parte del Rastro y especialmente las galerías Piquer, que me parece un edificio maravilloso con un patio increíble. Además de lo que puedas ver en cada anticuario, el propio espacio me parece precioso (Calle de la Ribera de Curtidores, 29).

Don Perfecto

Roberto Enríquez
(Fabero, 1968) es conocido por películas como Azul oscuro casi negro (2005) y
aunque también ha hecho televisión (Hospital central o Isabel), es un habitual
de las tablas. Hasta el 24 de noviembre actúa en Doña Perfecta.
4. Tabacalera. Es otro espacio imprescindible donde se puede encontrar el arte en estado puro, sin domesticar y una mezcla de gente e inquietudes muy sugerente. Además, al ser un centro cultural autogestionado, está al margen de cualquier orquestación institucional y surge de una manera espontánea (Calle de Embajadores, 53).
5. Lavapiés. Me gusta todo el barrio, disfruto con cada una de sus calles. Es un crisol de culturas, me gusta ver a la gente que vive por ahí y escuchar nuestro idioma con diferentes acentos. Es un sitio al que voy muy a menudo. También me gustan los garitos, los restaurantes donde puedes hacer un viaje culinario por Asia, por América Latina o por África sin moverte de Madrid.
6. Palacio de Cristal. Me gusta el parque del Retiro pero sobre todo el entorno del Palacio de Cristal. Todo lo que lo rodea parece sacado de un cuento. Los lagos, los riachuelos, todo está diseñado con un gusto exquisito.
7. Metro. Me fascina. Me parece muy teatral. Los pasillos, la gente con la que te cruzas, el olor que tiene tan característico… Es un micromundo que me parece muy sexi. Era de las cosas que más me llamaron la atención cuando llegué a Madrid. Me muevo en metro porque es un transporte rápido y, aunque últimamente ya no es tan fácil calcular los tiempos, me sigue gustando su ambiente.
8. Jardín romántico en la plaza de la Cebada. Perteneció a un palacio que está al lado y ahora es un sitio público. A veces voy a leer allí o a charlar con un amigo, es un lugar ideal.
9. Las Vistillas. Me gusta sobre todo para ir a tomarme un vino por la tarde cuando
está cayendo el sol. Es un espectáculo impagable.
10. Museo Reina Sofía. Me gusta para ver las exposiciones del momento pero también para ir a su jardín.
Está en el centro del edificio. No es un lugar muy frecuentado. Yo a veces incluso voy allí a memorizar los papeles porque puedo estar muy tranquilo (Calle de Santa Isabel, 52).

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/10/31/madrid/1383243302_355725.html

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Intervención de Roberto en el programa de radio, Efecto Madrid, contando su ritual antes de salir a interpretar a Pepe Rey en Doña Perfecta en el teatro María Guerrero de Madrid hasta el 24 de Noviembre.

Enlace a la entrevista: http://www.goear.com/embed/sound/31f57fa

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En Cultura en 24 horas entrevistamos a Roberto Enríquez y Alicia Borrachero que participan en la nueva temporada de “Isabel” de Televisión Española. Los dos también están trabajando en el teatro: el actor en “Doña Perfecta”, una adaptación de la novela de Galdós, y la actriz en “Desclasificados”, de alto contenido político.

La tarde en 24 horas – Cultura en 24 h. – 14/10/13 14 oct 2013

Enlace al vídeo de la entrevista: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-tarde-en-24-horas/tarde-24-horas-cultura-24-14-10-13/2064914/

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Roberto Enríquez contra ‘Doña Perfecta’

11.10.2013

Debutó con 21 años en el Centro Dramático Nacional de la mano de José Carlos Plaza, por aquel entonces su máximo regidor. Ahora que regresa a esas mismas tablas como protagonista de la reposición de Doña Perfecta bajo las órdenes del actual director -Ernesto Caballero-, Roberto Enríquez cierra un círculo.

Entrevista: Pablo Giraldo [Twitter: @pablo_pei] Foto: miguelangelfernandez.net

Entrevista: Pablo Giraldo
Foto: miguelangelfernandez.net

Entrevista: Pablo Giraldo [Twitter: @pablo_pei]
Foto: miguelangelfernandez.net

SHANGAY EXPRESS: Vuelves al María Guerrero, teatro donde debutaste en 1989. ¿Recuerdas aquella primera vez?
ROBERTO ENRÍQUEZ: Lo recuerdo como un golpe de suerte decisivo en mi carrera. Acababa de terminar la Escuela de Arte Dramático en Valladolid y me recomendaron para el mítico Hamlet de José Carlos Plaza, que empezaron haciendo José Luis Gómez, Berta Riaza, Ana Belén, Alberto Closas, Toni Cantó y muchos más. Necesitaban un Fortimbrás y me cogieron a mí, recién llegado del pueblo, con esta pinta de noruego que tengo. Allí estuve cinco años encadenando grandes piezas de Valle-Inclán, Esquilo, Shakespeare… Tengo la suerte de ser un poco viejuno [45 años] y llevar en esta profesión ya el tiempo suficiente.

S.E: En Doña Perfecta sustituyes a Israel Elejalde. ¿Cómo se toma uno ser la segunda opción?
R.E: Siempre que me llamen, nunca me plantearé si ha sido de una u otra manera… Tenía otras ofertas de teatro y me da igual que sea una sustitución o un estreno mundial. Lo importante es defender algo con toda la pasión y credibilidad de la que soy capaz. Además, la compañía me ha acogido con cariño, y Ernesto y yo convinimos que era mejor no ver la grabación del montaje y enfrentarme al texto de la manera más virgen.

S.E: ¿Conocías la novela?
R.E: Ni siquiera pude leerla cuando me avisaron, porque estaba metido en unos cuantos fregados profesionales y personales [fue padre de mellizos el pasado diciembre]. En verano la leí por fin y me quedé turulato. Me parece de una actualidad increíble y bastante contestataria. Ha sido interesante hacer el camino a la inversa, porque el libreto plasma muy bien el espíritu de la novela. Es alucinante que en el siglo XIX se escribiera algo así, que Galdós se atreviera a tocar los mimbres fundamentales: la Iglesia, el juez, el penitenciario… No deja títere con cabeza. Lo que hace este pueblo de Orbajosa con un hombre que viene de fuera es atroz, y el conflicto tiene un componente de hilaridad, al poner a una sociedad tan excluyente y casposa enfrentada a ideas progresistas.

S.E: Estrenasteis esta reposición en junio en Gran Canaria, tierra natal de Galdós.
R.E: Sí, yo me incorporé quince días antes del estreno, que encima coincidía con un congreso galdosiano en la ciudad. No decepcionó. De todas formas, el teatro no se hace para los expertos galdosianos, sino para el público soberano. Además, Ernesto ha aprovechado este periodo de ensayos para introducir cambios en la puesta en escena. Es bueno enfrentarse a un trabajo, dejar que pase un tiempo y revisarlo con ojos nuevos.

S.E: Entre Hispania, La República, próximamente Isabel y esta Doña Perfecta parece que solo busques personajes de fuerte carácter.
R.E: La verdad es que las posibilidades que tiene un actor de trazar su carrera son bastante remotas. Como yo lo vivo, no ha habido un antes y un después en mi vida con Hispania, por ejemplo, salvo por tener que montar a caballo y sufrir las extensiones. Al hacer un personaje con tanta entidad en La Señora sí que noté que me colocaba en otro sitio a nivel de popularidad. En realidad, solo he ido gestionando lo que me ha salido al paso, y uno siempre es víctima de su trabajo anterior. Recuerdo que durante una época solo hacía de militar, policía o guardia civil; tengo un máster en fuerzas de seguridad del Estado. Más tarde me vieron cara de buen chico y me tocaron un montón de maridos abnegados y padres de familia dialogantes. Luego fueron llegando personajes más siniestros y pérfidos.

S.E: ¿Dónde encajaría este Pepe Rey que interpretas?
R.E: Es un intelectual ilustrado, pero Galdós tampoco lo deja como un santo, porque tiene sus prejuicios y una manera algo soberbia de tratar su enfrentamiento con Doña Perfecta [Lola Casamayor]. Al principio parece un tipo de buenas intenciones, pero poco a poco va descubriendo que todo lo que le rodea en ese pueblo es de una hipocresía brutal. De lo que se trata es de hacer una crítica feroz a una sociedad conservadora orgullosamente sola y dogmática, muy española y, al mismo tiempo, muy universal.

S.E: Tu anterior trabajo en teatro fue Málaga, en donde se denuncia la irresponsabilidad paternal. ¿Se viven de manera diferente papeles así ahora que eres padre primerizo?
R.E: De alguna manera sí, pero la posibilidad de hacer Málaga surgió antes de que fuera padre. Una vez que lo
soy, las circunstancias se afinan y tengo recursos más concretos, pero la visión de la pieza no varía. Además, ahora los churumbeles ya van a la guardería y tengo otra perspectiva.

LA OBRA DOÑA PERFECTA SE REPRESENTA EN EL TEATRO MARÍA GUERRERO (C/TAMAYO Y BAUS, 4 • MADRID) DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL DEL 11 DE OCTUBRE AL 24 DE NOVIEMBRE

http://www.shangay.com/nota/36241/roberto-enriquez-contra-dona-perfecta

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Roberto Enríquez 

Obra: Doña Perfecta
“Pepe Rey y yo tenemos algo de ‘quijotesco’, somos muy de luchar por causas perdidas”

Tiene una de las caras más populares de la escena y nos faltan dedos de la mano para enumerar sus nominaciones en los Max y Unión de actores, sin embargo, nos asegura que hacer un sin fin de personajes maravillosos ha sido y será el mejor premio de su carrera. Roberto recoge el testigo de Israel Elejalde y se suma al elenco de “Doña Perfecta”, la obra más polémica de Benito Pérez Galdós. Desde el 11 de octubre en el Teatro María Guerrero.

• Galdós sella su obra diciendo: “Esto es todo cuanto puede decirse de las personas que parecen buenas y no lo son”. ¿A qué se refería?
¡Igual habría que preguntarle a él! (risas). Pero pienso que se refiería a esa sociedad curtida en la hipocresía de Orbajosa, extensible a cualquiera, que mata a fuego lento con sonrisas, como le dice Pepe Rey a Doña Perfecta.

• Pepe Rey es ‘el bueno de la película’, pero ¿son los buenos tan buenos
y los malos tan malos?
No exactamente. Pepe Rey rey llega con sus valores, pero cuando lidia con esa fuerza que le extorsiona, que le ningunea, que le ataca, se revuelve y acaba siendo tan mezquino como ellos.

• ¿Qué tiene en común Roberto Enríquez con su personaje?
¡Bastantes cosas! (risas). Intento que mis valores sean lo más progresistas y liberales posible y también tengo un fuerte sentido anticlerical, por lo menos en lo que se refiere a la institución. ¡Los dos fumamos y nos arrepentimos de ser fumadores…! (risas).Y, además, hay algo de ‘quijotesco’ en los dos, yo también soy muy de luchar por
causas perdidas.

• ¿Qué le transmite la gran Lola Casamayor sobre las tablas?
Me gusta mucho porque tiene algo muy potente en su voz, en su instrumento físico, pero también en su alma. Yo llegué para una sustitución y he sentido el apoyo de todos ellos, me han acogido y mimado. Ha sido un placer.

• La Unión de actores le ha concedido la estatuilla al mejor actor protagonista de TV en 2011 y 2013, por “La Señora” e “Hispania”. ¿Cómo se siente uno al ser tan valorado por sus propios compañeros?
¡Es una pasada! Y una completa sorpresa. Sentir el cariño y el respeto de tus compañeros es algo muy
bonito. Pero todo esto hay que ponerlo en cuarentena porque nunca se sabe qué tanto por ciento hay de merecimiento y qué tanto de cariño. Todo está en el mismo paquete, los premios siempre son relativos…

• ¿A quién se lo habría concedido usted en la misma categoría femenina?
Desde Ana Wagener, que es amiga mía, hasta Ángela Cremonte. Hacen un trabajo maravilloso.

• Si retrocedemos 19 años en el tiempo, al inicio de su popularidad, le
encontramos en la teleserie “Colegio Mayor”, junto a grandes nombres como
Antonio Resines, Achero Mañas o Cayetana Gillén Cuervo. ¿Cómo recuerda aquella etapa?
¡Con muchísimo cariño! Aunque, cuando veo alguna imagen de aquello, me horroriza verme tan zangolotino (risas). Yo llegué a mi aventura de ser actor en Madrid con 21 añitos. Venía de Valladolid y empecéí a hacer teatro con la fortuna de trabajar cinco años con el Centro Dramático Nacional a las órdenes de José Carlos Plaza y, de repente, se presentó esta oportunidad. Fue algo muy divertido, muy loco y un motor para nuestras carreras. Con Carola Manzanares, Achero Mañas o Ernesto Alterio, entre otros muchos, hice muy buena amistad y nos da alegría cuando nos volvemos a encontrar.

• Aparte del teatro María Guerrero, ¿en qué otro sitio podremos verle esta temporada?
En la serie de TV “Isabel”. Hago del Sultán de Granada, un personaje muy interesante. Rodar en La Alhambra ha sido una experiencia increíble.
http://revistateatros.es/entrevistas/roberto-enriquez_312/

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Roberto Enríquez: “La notoriedad es un daño colateral del ser actor, pero la esencia no es esa.”

Magaceda Serrano- Entrevista

Tras un pequeño descanso, ‘Málaga’ vuelve a los escenarios y lo hace por primera vez en Madrid, en el Teatro del Arte, un nuevo espacio en el que predomina la cercanía con el espectador.

El suizo Lukas Bärfuss, que recientemente ha recibido el Premio Nacional de Literatura de Berlín, es el autor de este texto en el que se ven reflejados el egoísmo, la culpa o la irresponsabilidad que muchos encontramos en nuestro día a día.

En ‘Málaga’ se narra la historia de dos padres divorciados que no tienen con quien dejar a su hija
durante el fin de semana. El padre, Michael, al que da vida Roberto Enríquez, tiene un congreso muy importante al que no puede faltar y Vera, la madre, interpretada por Ana Wagener, ha planificado un viaje junto a su amante en Málaga, de ahí el nombre de la obra. Como la niñera habitual no está disponible, la única solución que encuentra esta expareja es dejar a su hija Rebekka con su vecino Álex, encarnado por Críspulo Cabezas, un adolescente que anda como loco por el cine. Sin embargo, una serie de circunstancias harán que el fin de semana acabe de manera inesperada y la vida de los protagonistas cambiará por completo. ¿Se puede repartir la culpa? ¿y la irresponsabilidad?

La directora de esta pieza, Aitana Galán, ha confesado que acabó prendada de este texto porque
se trata de “un teatro para actores comprometidos hasta la médula con el ser humano de hoy”. Afortunadamente, en Punto de Encuentro hemos tenido la oportunidad de hablar con uno de sus protagonistas, Roberto Enríquez, un actor de larga trayectoria conocido por su interpretación en obras de teatro como ‘Hamlet’ o ‘La Gaviota’’, series como ‘La Señora’ o ‘Hispania’ ’ y su participación en películas como ‘Gordos’ o ‘El alquimista impaciente’, por la
que fue nominado como Mejor Actor Revelación en los Premios Goya de 2003.

¿Qué te llevó a aceptar el papel en Málaga?
Fundamentalmente el texto me pareció superlativo, está muy bien dialogado y construido, el autor es un autor inteligente, que respeta al público, no le da las cosas mascadas sino que, incluso, deja espacios en blanco
para que sea el espectador quien los rellene y saque sus propias conclusiones. Principalmente, el texto y los intérpretes. El reparto me pareció súper atractivo. Ana Wagener, que la adoro y Críspulo Cabezas con el que había trabajado cuando era más pequeñito y siempre me ha parecido un actor estupendo. Entonces compartir escena con ellos y con ese texto ¿Qué más se puede pedir, no? Y, además, venir a un espacio como éste. Al principio, había opciones de irnos a un espacio mayor, más convencional, donde el aforo es más grande, porque aquí hay sólo hay 120 espectadores y, económicamente sería más rentable pero yo creo que este teatro es perfecto para hacer esta función. Un teatro de cámara, donde el público está cerca y creo que esta función lo pide. El conjunto siempre me atrajo mucho.
¿Te pareces a tu personaje, Michael? ¿Tienes algo en común con él?
Sí, lo bueno de este autor es que no habla de personajes ‘maniqueos’, te puedes identificar con ellos porque independientemente de lo que sea cada uno (él otorrino, ella psiquiatra, Alex que quiere ser director de cine) lo que les pasa es lo que le pasa a toda persona urbana, de clase media, con profesión liberal y lo que sucede es que el autor pone a los personajes en un disparadero, o sea, en circunstancias extremas. Mi personaje separándose, con
los bancos acosándole por las deudas, porque lleva investigando desde hace años
en un oído artificial y necesita que eso alguien lo compre, además, acaba de morir su padre y está muy destartalado y en ese punto ocurre una circunstancia que ya acaba por destartalarlo completamente. Entonces es fácil identificarte,
hay gente que los puede criticar y pensar “¡pero bueno como son, son unos padres salvajes, como pueden hacer esto!” En definitiva, es fácil ver la paja en el ojo ajeno y no ver la vida en el tuyo, porque estos personajes no son nada ‘maniqueos’, son muy identificables.

El egoísmo y la irresponsabilidad se ven reflejados en esta obra, ¿crees que ese es el origen de muchos de los problemas de nuestro día a día?

No lo sé, no sabría decirte si ese es el origen de muchos problemas, lo que si sé es que en esta pieza sí que se habla de
egoísmo e irresponsabilidad pero, también se habla del tema de la pareja rota o en vías de ruptura, una pareja que no se entiende. Están tan enganchados a la guerra, a lo que tú me has hecho, al ego herido, que de repente toman una
decisión equivocada, a sabiendas de que es equivocada porque “¡Ah tú no! ¡pues yo tampoco!”. Habla de egoísmo pero, también, de gente herida por una relación.

¿Podemos decir entonces que el ser humano es egoísta por naturaleza?
Sí, somos egoístas pero no solo eso, somos también tiernos, tenemos carencias y somos frágiles, tenemos sentido del humor y todo eso está reflejado en la obra. Aquí hay egoísmo, pero también los personajes están cegados por el orgullo, por el ego herido, toman decisiones para no dejarse herir por el otro o para agredirlo, siendo algo tan íntimo como la madre o el padre de tu hija.

¿Cuál crees que es entonces el punto fuerte de “Málaga”?
Lo que llama la atención es que al autor habla precisamente de un hecho más o menos peregrino, empieza como una comedia, luego lo plantea como una especie de thriller y acaba en tragedia. Entonces, yo creo que la forma de contar esta historia por parte del autor es muy original y sobretodo el debate que genera después de ver la función. El público sale encendido, con un debate maravilloso. Que el teatro te toque en ese sitio y unos se posicionen a un lado y otros a otro, me parece formidable y luego, tengo unos compañeros que me parecen de primera, entonces creo que por todo eso merece la pena.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con un reparto tan pequeño? Simplemente sois tres
actores y nunca estáis juntos en la misma escena los tres.
Es maravilloso. Yo había hecho obras en las que sólo éramos dos, uno tiene que ser un pánico atroz, pero tres es más fácil, somos menos y ha sido muy íntimo la verdad. Estas cosas siempre se dicen, pero la verdad es que ha habido una
comunión entre los tres maravillosa porque estamos tan encendidos, tan encantados con el proyecto que todos los ensayos han sido una delicia. Ha sido bonito, muy bonito

¿Te ha facilitado las cosas el haber trabajado con ellos anteriormente?
Bueno no te creas, a veces trabajas con una persona y no por eso resulta más fácil, porque deseas no volver a trabajar con ella en la vida, igual no te toca y dices ¡oh dios mío! Pero en este caso sí, primero porque Ana y Críspulo son dos estupendos actores y dos estupendos compañeros, entonces trabajar con ellos es muy fácil. Muchas veces en este oficio aparecen cosas que perturban el trabajo, si tú tienes un ego desproporcionado pues probablemente vaya a impedir que el trabajo y tu relación con los compañeros esté bien pero, en este caso, afortunadamente, Ana y Críspulo son gente bastante sana y ha sido muy fácil.

Tras un parón ¿cómo habéis retomado el montaje? ¿Nos encontramos ahora con una obra más madura?

Totalmente sí, esa es la palabra. Tuvimos una pequeña gira y luego por circunstancias personales y profesionales de cada uno tuvimos que parar y ahora retomamos la obra. Después de haber pasado unos cuantos meses, estás en el periodo de ensayos súper zambullido y realmente, hay algo que es como el poso del vino: vuelves a
mirar las cosas con tranquilidad y desde la distancia las ves con otros ojos. Hay cosas que veías igual y otras que enriqueces, otras que, directamente, hemos cambiado porque se nos quedaba como un zapato pequeño que te aprieta. Ha sido muy interesante, pero a todos los niveles. Cada lugar tiene una peculiaridad y cada momento también y el teatro lo bueno que tiene es que está vivo constantemente. Ayer mismo antes de empezar la función Aitana estuvo cambiándonos una cosa del final que lo hacía bastante diferente y lo cambiamos pues no sé, veinte minutos antes de que entrara el público y a mí eso me parece que es maravilloso. El teatro está vivo y si mañana encontraremos que alguna cosa no funciona, pues tendríamos que cambiarlo, es como hacer el pan todos los días, fresco.

Lukas Bärfuss, autor del texto, no lo puntúa , no hace acotaciones ¿eso te ha dado mayor libertad?
A mí me parece que eso es maravilloso. Hay muchos autores y cada uno es un mundo. Por ejemplo, Valle Inclán hace unas acotaciones increíbles, nada descriptivas, que te invaden lo sensorial o Shakespeare o Chéjov… pero hay muchos autores que, por inseguridad, te dicen todo exactamente, por ejemplo: “el personaje se lleva la mano a la
cabeza”. Yo creo que eso tiene que fluir, tiene que ser una cosa lo suficientemente abierta como para que cada intérprete o director le pueda dar su lectura. Al no tener puntuaciones ni nada es más divertido, puedes hacer las
cosas como preguntas o afirmaciones, tú le puedes dar la intención que quieras, es más abierto.

Has trabajado en los tres géneros: televisión, teatro y cine ¿crees que el teatro es la verdadera escuela?

No, la verdadera escuela no porque hay actores de cine que nunca han hecho teatro y ¿alguien dudaría de que son unos pedazo de actores? ¿Alguien dudaría que Javier Bardem es un actor sublime? Bueno, a lo mejor algún insensato lo duda. Pero no, los tres medios son diferentes y cada uno te da algo y lo que verdaderamente te da el
teatro es que eres dueño de tu trabajo. Una vez que empieza la función nada se interrumpe, normalmente, y entonces, estás ahí, pase lo que pase frente al público y tienes que resolverlo y cada día es diferente, eso te da mucha
madurez. También, el hecho de la repetición, mucha gente dice “¡oh el teatro que aburrido repetir todos los días!” y es la cosa más emocionante porque, siendo la misma partitura, cada día encuentras algo diferente y profundizas en el trabajo, ensanchas la camiseta, entonces eso te da mucho bagaje como actor. Normalmente en el cine o en la televisión pasas un día por una secuencia y se acabó, igual tienes la suerte de haber ensayado antes pero el trabajo es mucho más “aquí te pillo, aquí te cepillo”, mientras que en el teatro el trabajo se va cocinando a fuego más lento. Son diferentes, son maravillosas las tres cosas pero no creo que el teatro tenga que ser por ende la escuela.

Echando la vista atrás, haciendo un repaso de tu trayectoria ¿qué balance haces de tu carrera?
Un balance maravilloso, me considero un ser bastante afortunado porque, bueno tengo 45 años, empecé en esto con veinte en el Centro Dramático Nacional y ya es un recorrido. Recuerdo compañeros con un talento increíble y una mala suerte increíble y yo creo que he tenido buena suerte y que algo bien he debido de gestionar. No sé, estoy muy contento, he podido hacer en teatro muchos personajes maravillosos, clásicos, otros como éste en el que tengo la suerte de estrenar la obra de un autor novísimo al que le acaban de dar el Premio Nacional de Literatura en Berlín. Y luego, hacer cine y televisión. Entonces me considero un tipo bastante afortunado. Pero, aún me quedan otros tantos personajes por hacer.

Has trabajado en series como La Señora o Hispania, series que miran al pasado ¿Por qué crees que ahora están tan de moda?
Lo histórico siempre ha gustado mucho y además yo creo que es una coartada perfecta para hablar de cosas con cierta distancia. Parece que te va hablar de algo de antes pero no, es ahora, es una coartada perfecta para hablar delas cosas sin que nadie se sienta aludido pero que al final ¡pum! acabe golpeándote. Eso por un lado y luego que lo histórico nunca ha pasado de moda, siempre se han hecho historias de época. Además, la televisión siempre tiene algo como muy de moda. Por ejemplo, hubo una época en la que se hacían series de médicos y todas las cadenas hacían una de hospitales y entonces, creo que también responde a que alguien apostó por esto, funcionó y los demás se han ido apuntando al carro. Aunque bueno es una puesta fácil porque ya te digo que la época siempre ha
funcionado.

¿Crees que hoy en día se busca más el protagonismo y la notoriedad que participar en un trabajo de calidad?
Sí, no sé si todo el mundo porque sería injusto hablar de una manera totalitaria pero sí, yo noto mucha gente o compañeros, más jóvenes yo creo, que buscan eso. La gente de mi generación éramos conscientes de que para ser actor aceptable tienes que estudiar mucho y en diferentes sitios, para recibir diferentes estímulos y no parar nunca. Con diferentes maestros, cursos para ensanchar la camiseta, tener más registros, más experiencia con tu propio trabajo y ahora, hay mucha gente que lo que quiere es pasar un casting para salir en la televisión y ganar dinero
o tener notoriedad. Yo creo que la notoriedad es un daño colateral del ser actor pero la esencia no es esa, la esencia es tener un público, una persona como mínimo a la que poder contarle algo, tocarle en su inteligencia y en su corazón, en su conciencia ya sea a través de la comedia, del drama o lo que sea, dejarle con esa pildorita e irte satisfecho. Para mí ese es el sentido. Pero es verdad, creo que hay más acento en lo otro.

*** Si os habéis quedado con ganas
de más aún estáis a tiempo de ver ‘Málaga’ pues estará en el Teatro del Arte
hasta el próximo 3 de marzo. ¿A qué esperas para comprar tu entrada?
http://www.puntoencuentrocomplutense.es/2013/02/roberto-enriquez-malaga-teatro-del-arte-hispania/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=roberto-enriquez-malaga-teatro-del-arte-hispania

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Roberto Enríquez: ‘Nunca he querido ser una estrella’

Roberto Enríquez.  Foto: Luis Nemolato | Madrid 11/02/2013

FichaNombre. Lorenzo Caprile.Sexo: Varón.Fecha de nacimiento: 20 de enero de 1968.Ciudad: ValladolidProfesión: Actor

Mi particular Cuestionario Proust. En él, recopilo las mejores, las más divertidas, absurdas e inverosímiles preguntas de la Historia de la Literatura, el Cine o la Televisión. Pueden ser cultas, horteras o undeground, pero eso sí, son tal y como se formularon por primera vez. Y siempre las mismas. Cada martes, «un famoso» tendrá que superar la prueba y contestarlas.

Hoy… Roberto Enríquez:

Es un hombre fuerte. Y no sólo lo digo por sus brazos, que su Viriato en ‘Hispania’, daba gusto verlo. Que si Terenci Moix archivaba peplums, túnicas, y musculaturas, lo de este hombre habría ocupado varios discos duros en su ordenador. También los es por sus decisiones. Elige sus papeles en la pantalla -grande y pequeña- y qué decir en el escenario, con un cuidado sumo.

Personajes con entereza o profundidad psicológica o con historia, con y sin H mayúscula. Es más, hace nada publicaba este diario que daría vida al Sultán de Granada en la serie ‘Isabel’, por ejemplo. Pero también unas fotos en donde lo veíamos paseando con sus dos hijos y un carrito. Suyos. Es padre soltero. Jo, y eso, eso sí que es una elección. De vida. Roberto, de la privada, no suelta prenda. En este cuestionario se desliza con que ahora tiene canguro. Exacto, es un desliz. Un generoso desliz por su parte. Porque de lo que sí que habla este actor es de interpretación. Con pasión. Pasión que traslada al interlocutor. Me imagino que de sus niños también, pero no somos amigos. Sin embargo, para hablar de teatro, no necesita más vinculación emocional que la de alguien que lo escucha. Y cómo no hacerlo. Pocos actores cuentan con una dicción y declamación tan perfecta. De Pucela tenía que ser, claro.

En las entregas de Premios, donde él es caballo ganador, le preguntas por su último papel, o por el de un compañero, que no le importa, y ya quisiera Lee Strasberg. Será su trabajo, que tampoco me voy a poner estupendo, pero lo hace muy bien. Es como si diseccionara los personajes como un cirujano. Quizás por eso protagoniza ‘Málaga’, en el Teatro del Arte, un texto de un autor suizo desconocido en nuestro país, Lukas Bärfuss, al que tildan como el forense el alma humana. A mí, debo de reconocer, que esas cosas me dan un poco de miedo. Rebuscarme en las entrañas me hace daño y como el último tema de Fangoria, soy de los que no quieren más dramas en su vida. Ahora, si tuviera que hacerlo, lo de las entrañas, digo, sería para tener dos niños como él. Ese lado, el rosa de la vida, me gusta más. Quizás sea por deformación profesional. O emocional. En mi casa, siempre había un Lecturas más a mano que no una obra de Chèjov. Pero le agradezco mucho a Roberto que él me enseñe ambas cosas. Sobre todo, que todo se puede.

¿Muslo o pechuga?

Si está jugosita, pechuga

¿Lava a mano o a máquina?

A máquina, por supuesto.

¿Cómo recibe en casa?

Como me pille…

Su popularidad aumenta de día en día, ¿es fruto de una sutil estrategia? Es fruto de la burda casualidad.

¿Una diva nace o se hace?

Supongo que se hace, y luego hace creer a todos, que nació así.

¿Siempre ha querido ser una estrella?

Nunca he querido ser una estrella.

¿De todas sus facetas, actriz, modelo y cantante, cuál es la que más le gusta?

La de modelo. Sobre todo, en mi etapa de alta costura… Qué tiempos…

Le da mucho a su público, ¿qué es lo que el público le da a usted?

El respetable, me da todo lo que quiere y yo, como buen amante, acepto sin condiciones.

¿Le afectan las malas críticas?

Por supuesto

¿Recibe cartas amenazadoras de sus admiradores?

Sólo recibo cartas del banco.

¿Cuál es la mayor estupidez que se ha dicho de usted?

Probablemente la diga yo en esta entrevista.

Matt Cimber estuvo casado con Jayne Mansfiel. ¿Ve algún paralelismo entre su carrera y la suya?

Sí, como el paralelismo entre un huevo y una castaña.

Una cara estupenda, un peinado estupendo. ¿Quién fue el peluquero? Quiero conocer la historia de su peinado

Ni idea. Hace meses que no me corto el pelo.

¿Su peor maquillaje?

Una caracterización de viejo enfermo, que parecía un guiñol.

¿Hace algún deporte para conservarse?

Corro y, a veces, sin motivo.

¿Hay algo que no se compraría jamás?

Un microondas, solo su nombre da mal rollo.

¿Sus piernas se parecen a las de Addy Ventura o a las de Rachel Welch?

Me temo que ni de lejos a ninguna de las dos.

¿Se siente musa de los homosexuales?

Me siento más mousse del chocolate.

¿Por qué los hombres realmente interesantes no resultan nunca sexys?

Creo que deberías cambiar de circulo…

¿A cuántos hombres ha olvidado?

Tengo una memoria frágil.

¿Qué le pediría al ser amado?

Creo que la historia consiste en no pedir, si no en dar.

¿Qué es lo que más te chifla y lo que más te amuerma del amor?

Que todo pasa por la primera persona del plural y me amuerma las cenas de los compromisos de tu media naranja.

¿Cuando conoció a su marido? Porque su marido es parte de tu historia.

Oh cielos mi marido…!!!

¿Hay más cosas que debería saber y que no sé? Hay infinidad de cosas que no sé e infinidad que me gustaría olvidar.

Siempre que me subo a un ascensor o me meto en una cabina telefónica, me entran unas ganas terribles de orinar, ¿a usted no le pasa?

No, a mí justo en el minuto antes de empezar una función o un rodaje.

Dígame algo agradable

Here comes the sun, na, na,na,na…

¿Es creyente?

Creo que creo.

¿Cuánto personal tiene a su servicio?

Una canguro.

¿Dónde va de vacaciones?

Cada vez a un lugar diferente.

¿Olga guillot o Bryan Ferry?

Olga Guillot.

¿Almendra cruda o tostada en la gallina en pepitoria?

Cruda.

¿Divine o Sara Montiel?

Saritisima

¿Excitantes o tranquilizantes?

Tranquilizantes.

¿Considera que comer ostras es moral y comer caracoles inmoral?

Considero inmoral el precio de las ostras.

¿Qué tipo de mujer será dentro de 50 años?

Una mujer viejísima.

¿A quién le gustaría parecerse y sin embargo a quién acabará pareciéndose irremediablemente?

Parecerme a Zorba el griego. Y si supiera a quien me iba a parecer , aqui iba a estar yo…

¿Qué es lo que nunca le han preguntado y mataría por contestar?

¿Qué paso entre Iñarritu y Arriaga?

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/11/gentes/1360540961.html

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La tarde en 24 horas – Cultura en 24 h. –  04/02/13

En Cultura en 24 horas, entrevistamos a los protagonistas de la obra de teatro “Málaga”, que muestra a un matrimonio roto lanzándose todo tipo de reproches por el cuidado de su hija; estarán en el plató Roberto Enríquez y Críspulo Cabezas, al que el gran público conoció hace 15 años por la película “Barrio”.

Enlace al vídeo de la entrevista: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-tarde-en-24-horas/tarde-24-horas-cultura-24-04-02-13/1682733/

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